Los beneficios físicos y psicológicos de la vida en el Ecuador

Vivir más tiempo y más saludable – los beneficios físicos y psicológicos de la vida en el Ecuador

Como Sudamericana con educación universitaria a comienzos de mis veinte, me encontraba pronta a comenzar mi carrera cuando comencé a trabajar en el sector social sin fines de lucro, mano a mano con el de sector del cuidado de la salud mental y general. Durante casi 8 años me desempeñé en los EEUU, uno de los países considerados más avanzados en el mundo en materia de tecnología y educación aplicados al desarrollo de la medicina.

No imaginaba que tal experiencia iba a resultar tan enriquecedora respecto de la importancia de la conexión de la gente con la naturaleza y su comunidad, asa como no esperaba que aquello fuera a tener tal impacto en la redefinición de mis prioridades profesionales y personales.

Para mí la manera más natural de mantenerse emocional y físicamente sanos estaba fuertemente ligada a la preparación casera de comidas, combinado con el compartir tiempo de calidad en familia, tanto como ejercicio físico y la exposición a la naturaleza pasando tiempo de calidad al aire libre. Por ello, cuando comencé a trabajar, lo más natural fue promover un estilo de vida en armonía con la naturaleza y el bienestar corporal, con un claro enfoque de comunión familiar y comunitaria, asimismo utilizando mi conocimiento y experiencia en nutrición, psicología y sociología. El abordaje de un paciente con problemas de salud crónicos o de largo plazo, más allá de involucrar el uso de medicina convencional, solo podía conseguir un impacto positivo partiendo de la base de que los factores psico-sociales, humanos y físicos mencionados ya se encuentren internalizados o vayan a la par de tal tratamiento con medicina.

Mientras mi trabajo progresaba integrando un abordaje holístico al tratamiento médico, comencé a sorprenderme del nivel de confusión y renuencia que mostraban doctores, cuidadores, familiares y trabajadores sociales juntos; aun a la vista de los cambios positivos visibles en términos de mejoras físicas y psicológicas, que los pacientes confirmaban como resultado de tal enfoque. Tales progresos físicos y psicológicos visibles arrojaban niveles de colesterol generales reducidos, elevados niveles de energía, pérdida de peso significativa en casos de obesidad, lazos emocionales mas fuertes con miembros de la familia, con cuidadores y con el resto de la comunidad, así como un incremento del sentido de la responsabilidad en el cuidado personal de la salud.

Lamentablemente, tales presiones externas comenzaron a crear desafíos en la aplicación consistente del abordaje holístico que llevara a tal progreso en los pacientes. Por ejemplo, con el tiempo comencé a darme cuenta que la preparación de comidas de calidad nutritiva y conforme a una dieta balanceada sana, se convertían más en la excepción que la regla. Mas allá de promover y supervisar el establecimiento de grupos de cocina sana, la tendencia a desestimar la calidad y tiempo de preparación a favor de alternativas “más rápidas” en su categoría “listas para servir”, estaba a la orden del día.  Tales alternativas eran pre-cocidas, procesadas, insalubres, e involucraban un toque rápido de microondas para ser servidas.

Los envoltorios de tales comidas “listas para servir” mostraban un sinnúmero de químicos nocivos para la salud, mientras que los sabores eran o muy dulces, o muy salados, o muy grasosos, o todos esas características juntas. En algunos casos, carecía de sabor, para lo cual se adjuntaba en el envoltorio, un agregado envuelto de “salsa” o “jugo” para “mejorar” el sabor. Tal agregado consistía en un concentrado de aditivos con más químicos insalubres, típicos componentes de las comidas empaquetadas y congeladas.

Con el tiempo se volvía evidente el hecho de que los paladares de los consumidores habían sido condicionados por mucho tiempo a este tipo de alimentos, aparentemente desde temprana edad. Por ese motivo, los alimentos sanos con sabores neutros, tales como las frutas y vegetales, no eran percibidas como agradables. Incluso vegetales de calidad tales como el maíz, zanahorias, arvejas, etc. Tienen modificaciones genéticas que resultan en un sabor artificialmente más dulce y/o colorantes que buscan darle una presentación más atractiva, pero que funcionan en detrimento del sabor y contenido nutricional natural. Muchas frutas se ven perfectamente redondas, brillantes, coloridas, saben más dulces que lo normal y tienen un alto contenido de agua. Esto ocurre especialmente en los tomates. Estos, así como el resto de las frutas y vegetales, carecen de las semillas que naturalmente muestran los alimentos cosechados sin alteraciones genéticas. La falta de semillas hace imposible crecer ese alimento en huertas caseras, reforzando la dependencia en la cadena de tiendas donde se venden.

La carne roja, las aves y el pescado a menudo no tenían el sabor fresco ni el color naturales. Frecuentemente se trataba de un subproducto sintético, o “imitación”, el cual venia en sus versiones clásicas pre-cocidas o fritas, aun así promoviendo el uso de las “salsas” antes mencionadas, ablandadores químicos y saborizantes.

La ingesta diaria de tales productos derivaba en aumento de peso ya que el bajo contenido nutritivo hacia que el cuerpo consuma más cantidad. También incrementaba la retención de líquidos debido al doble trabajo del organismo para neutralizar y digerir los químicos artificiales.  Por eso, la exposición prolongada a la ingesta de estas comidas resultaba en edema generalizado, estados infecciosos y debilitamiento general del sistema inmune.

La búsqueda de alimentos orgánicos, libres de químicos y alteraciones genéticas se volvía imperativa, pero complicada: tales alimentos son considerados fuera de la norma, por lo que son más costosos, se venden en lugares selectos y aun así las etiquetas de contenidos marcados como “orgánicos” eran muy cuestionables considerando algunos de sus métodos de preservación.

De este modo, el presupuesto para una alimentación saludable siempre era muy limitado, y sabemos que en el campo del trabajo social, el manejo eficiente del presupuesto es crucial para la permanencia de los programas de asistencia.  Asimismo, el tiempo dedicado a la preparación apropiada, casera y saludable de los alimentos representaba un conflicto permanente en el marco de una cultura centrada en la rapidez, la eficiencia y el consumo masivo de productos. Con frecuencia los pacientes optaban por omitir los grupos de cocina por cenas en restaurantes.

Adicionalmente, estos hábitos ya contraproducentes para un estilo de vida sano, se combinaban con la rutina de una vida sedentaria, fuertemente marcado por la existencia constante de al menos un televisor prendido a la vez en el hogar,  con el uso necesario y permanente de un vehículo para toda movilidad fuera del hogar, acentuaba no solo el aumento de peso, sino también incrementaba consecuencias psicológicas negativas tales como los sentimientos de aislamiento, depresión y ansiedad. Estos aspectos psico-sociales negativos, abiertamente aceptados como parte normal de la cultura, incluían la ingesta de alcohol como medio de diversión, el uso del tabaco, la prolongada exposición a la televisión y los videojuegos (muchos violentos e inapropiados para la edad de la audiencia) la ingesta de comida (a menudo insalubre) en exceso, etc. En general, la tendencia era la búsqueda de la gratificación instantánea sin consideración de las consecuencias a medio y largo plazo, así como la adquisición constante y progresiva de diferentes bienes materiales que compensen el limitado nivel de interacción humana.

Incluso habiendo demostrado que la introducción de cambios prácticos -aunque quizás radicales- haya mejorado los resultados de laboratorio de los pacientes, los médicos se mostraban reticentes a reducir o remover la medicación que se le había prescripto a los pacientes para el tratamiento de lo que estaba siendo mejorado por la vía natural (por ejemplo, el colesterol, la constipación, la diarrea o el reflujo intestinal). Llegue a notar que si no me presentaba personalmente en cada visita médica a supervisar el seguimiento mano a mano con el doctor, analizando los resultados de laboratorio, la tendencia general era enviar los pacientes de nuevo a casa con sus cuidadores de turno, sin cambios en las ordenes medicas. En algunos casos, eran enviados con “diagnósticos nuevos” físicos o psicológicos, que justificaban la existencia de los medicamentos prescriptos. Tales prácticas frustraban grandemente a los pacientes, quienes veían y sentían los cambios físicos positivos, los que parecían pasar desapercibidos por sus propios doctores quienes acentuaban la desesperanza y la pasividad de una vida que parecía condenada a la ingesta de medicamentos. Así, estos pacientes vivían etiquetados de enfermos crónicos sin la posibilidad de tomar responsabilidad por el cuidado de su salud física a pesar de los abordajes educacionales promovidos en su hogar.

El abordaje holístico, también resultaba controversial en un sistema que como base fomentaba el consumo de medicamentos para “reparar” problemas físicos, en vez de estimular el deporte, el ejercicio físico, hábitos alimenticios sanos, interacción comunitaria, etc. Por ejemplo, la planificación de salidas grupales al parque o a disfrutar de actividades recreacionales al aire libre, demandaba gran coordinación incluyendo el hecho de conducir al menos 30 minutos desde el establecimiento hasta el parque, con el agravante constante de cruzarse con congestionamiento de tráfico y el empaquetar el sinnúmero de medicamentos que los pacientes tenían que tomar, manteniendo la agenda horaria de la correspondiente administración medica. El nivel de frustración involucrado en la preparación minuciosa de cada detalle de las actividades incrementaba el stress de pacientes y cuidadores por igual, a menudo resultando en la cancelación del evento para seguir la rutina del encierro de cada uno en su habitación, a mirar TV. A ese punto llegue a darme cuenta que si bien la adopción de un estilo de vida sano y activo no era imposible, era sumamente complicada. A menudo los pacientes no entendían para que yo me molestaba en ello.

Fue en ese punto que humildemente comencé a cuestionar no solo si yo era la profesional idónea que mis empleadores necesitaban para la posición, sino también el hecho de si me encontrara yo en el sistema de salud correcto para introducir tal estilo de vida sano. Parecía estar golpeándome la cabeza contra la pared, no solo buscando mejorar la vida de un grupo de personas con un particular número limitado de hábitos insalubres, sino luchando contra un sistema general cultural, político y social que se basaba en un sistema cuya salud se establecía como imposible de obtener.

Con el tiempo se volvió más aparente el hecho de que en el sistema cultural en el cual me desempeñaba, el modelo de salud era centrado sobre la existencia de las patologías, las cuales eran diagnosticadas en edad temprana. Tal sistema reforzaba el uso de medicamentos, a menudo prescripto por tiempo indefinido, aun mas allá de cualquier mejoría demostrada durante el “tratamiento”. Tal modelo ciertamente favorecía los ingresos de la industria farmacéutica, pero a su vez mantenía a los pacientes enfermos y convencidos de su propia incapacidad de tomar el control del cuidado de su salud. La administración indefinida de medicamentos resultaba en el largo plazo, en efectos secundarios indeseados para los cuales se promovía la administración de medicamentos adicionales.

El cuidado de la salud era considerado directamente dependiente del grado y tipo de cobertura de un plan de salud privado, así como el tratamiento de enfermedades se adaptaba al tipo de plan -no al tipo particular de paciente ni su diagnostico- y al desarrollo de medicamentos con nombres nuevos e igual composición existente con los genéricos.  En contraste, en mi experiencia algunos países sudamericanos desestiman la importancia de los planes de salud privados, ofrecen un sistema público, económico y accesible de salud universal para los trabajadores, el cual se enfoca solo en las necesidades individuales de los pacientes y sus diagnósticos particulares. El contraste entre el sistema donde me crie y el del país donde estaba trabajando, era grande.

Mi experiencia y educación se enfocaba en la prevención de problemas de salud. Era muy triste encontrarme con pacientes de altos ingresos, cuyos planes de salud eran los más caros, y aun tenían listas interminables de medicamentos y equipamientos costosos prescriptos supuestamente por su salud, para mejorar su estilo de vida.

El solo hecho de que el plan era el más costoso, y la hospitalización se llevaba a cabo en los mejores establecimientos, le transmitía al resto de la familia del paciente la idea de que él estaba “en buenas manos” con lo que la familia no se preocupaba y a menudo ni los visitaban. Así, no solo estos pacientes empeoraban sino que les surgían sentimientos de aislamiento y depresión severos….los cuales eran canalizados de inmediato, si….con medicamentos nuevos!

Con el tiempo, un acontecimiento me hizo tomar una decisión radical al respecto de mi rol en ese lugar. La situación había llegado a mi puerta: en un chequeo físico personal anual y de rutina, realizado en el país donde estaba trabajando, las pruebas de laboratorio arrojaron niveles de colesterol altos significativos. Esto ya era llamativo en la ausencia de antecedentes familiares y considerando la forma de vida sana y activa que yo practicaba. La doctora que reviso las pruebas en ese entonces fue rápida para prescribirme medicamentos. Sin embargo hice caso omiso y me realice las mismas pruebas médicas en dos países diferentes mas con visión preventiva y holística de la salud, y con solo meses de diferencia entre las pruebas nuevas y las obtenidas en el país del modelo centrado en patologías. Mis exámenes de laboratorio daban normales en los otros dos casos. No fue sino allí que entendí que la “tecnología de avanzada aplicada a la medicina”, tenía una agenda adicional que cumplir. Fue hora de abandonar el barco. No tenía nada más yo que hacer allí. No iba a cambiar el sistema. Si quería ver cambios, tenía que cambiar mi realidad y usar mis conocimientos y experiencia con quienes si podía ayudar.

En ese momento comencé la búsqueda de un país cuyo enfoque en salud este mas en armonía con la naturaleza, y con el modelo holístico de salud que busco promover. Un país en particular llamo mi atención debido a su énfasis en un sistema de salud universal de calidad, en un ecosistema sostenible, a la unidad familiar tradicional, por el clima balanceado de su territorio y por la calidad natural de sus alimentos. Este pequeño y encantador país de Sudamérica, rico en recursos naturales se llama Ecuador.

Ecuador goza de una constitución particular que prohíbe la producción de alimentos genéticamente modificados (GMO). Los alimentos en el Ecuador son producidos y cosechados al estilo tradicional, libres de químicos invasivos alteradores de sus cualidades nutricionales, manteniendo su sabor y su color natural, y al no ser genéticamente modificados, la experiencia de nutrirse con ellos y sentir la esencia de su origen, permanece intacta.

Una vez que descubrí Ecuador, renuncie a mi trabajo, vendí todo y me mude al Ecuador, donde un estilo de vida saludable rodeado de naturaleza, ricos recursos naturales, valores humanos centrados en la fortaleza de la familia y la comunidad, y lo más importante, un lugar donde el énfasis en medicina es la salud del paciente como prioridad sobre el mercado capital. Tal visión era perfectamente compatible con mi perspectiva en el cuidado de salud tanto físico como psicológico.

En mi experiencia viviendo en el Ecuador, puedo destacar las siguientes ventajas básicas de una vida sana que se presentan aquí:

• La proximidad a la naturaleza: Ecuador es uno de los países mas biodiversos del mundo. La variedad de climas y los escenarios geográficos cambiantes a solo minutos de distancia uno del otro, es realmente increíble.

• Tierras fértiles muy productivas: las tierras del Ecuador son ricas y muy fértiles, lo cual ofrece la oportunidad de cosechar rápida y fácilmente una alta variedad y calidad de alimentos. El enfoque agropecuario se centra en los campesinos individuales, quienes tienen control de las semillas y cosechas; en contraste con la producción masiva agropecuaria de las corporaciones, las cuales buscan monopolizar la provisión de semillas y la cadena de distribución y venta de los alimentos.

 

• Alimentos con alto valor nutritivo: Al estar libres de químicos y no ser procesadas, las comidas en Ecuador tienen un alto valor nutricional que a su vez preservan su sabor original. Uno de los comentarios más comunes de los extranjeros que se mudan al Ecuador, es  la perdida natural de peso. El cuerpo naturalmente reduce el exceso de líquido y se libera de toxinas ya que los agentes químicos infecciosos se van eliminando con una alimentación orgánica, mayor exposición a actividades al aire en un lugar con niveles de polución excepcionalmente bajos, y con la adaptación a un estilo de vida tranquilo.

• Cocina tradicional saludable: Los platos típicos Ecuatorianos no son procesados e incluyen una variedad de vegetales, legumbres, granos, semillas, frutas y pescado.

• Comunidades cordiales y amistosas: la gente del Ecuador es reconocida mundialmente por su calidez, generosidad, y amabilidad. En mi experiencia la raíz de tales características radica en el lazo solido de los niños con sus familias y comunidades. Los niños aprenden desde temprana edad a identificarse con la calidez de sus protectores y desarrollan un sentimiento de pertenencia muy intenso el cual llevan consigo toda su vida debido a la estabilidad de la crianza entre miembros familiares. Este sentimiento de pertenencia familiar se traduce en adultos felices, con un desarrollo emocional adecuado. Los niños en Ecuador en general pasan más horas jugando con sus hermanitos, primos o niños del vecindario que viendo TV. Juegan usando mas su imaginación y la naturaleza en lugar de juguetes sofisticados como videojuegos o artefactos a baterías que se potencian solos , y compartiendo mas juegos con adultos de la familia. En la costa, es frecuente ver familias enteras disfrutando de las olas del mar juntos. Esta crianza centrada en la interacción humana establece las bases de una sociedad emocionalmente sana.

• Énfasis en equidad social para todos:                La percepción de justicia promovida por el Ecuador promueve el respeto y la toma de responsabilidad por las acciones de uno mismo y de los miembros familiares. El respeto por la figura de autoridad familiar permanece intacto. La sociedad Ecuatoriana aspira a establecer y promover patrones de conducta sociales positivos y fuertemente asociados con los conceptos de equidad social y cooperación comunitaria. Un sistema social equitativo no significa que se utilicen las mismas normativas en todos, sino que las herramientas para potenciar sus habilidades personales se hagan disponibles a todos. Por ello la participación y responsabilidad comunitaria es fuertemente impulsada en todos los niveles.

• Énfasis en la familia, en lugar de la adquisición de bienes: Se ha probado estadísticamente que la salud mental y física mejora significativamente cuando un individuo está completamente inmerso en una cultura rica en valores familiares genuinos, en contraposición con una cultura que se orienta fuertemente en objetivos individuales, adquisición de bienes personales y estrategias de venta basadas en la separación de clases sociales. El pasatiempo favorito aquí en el Ecuador es el compartir tiempo con la familia. Esto puede traerles dolores de cabeza a muchos extranjeros ya que la atención al cliente en Ecuador es importante, pero ciertamente no es prioridad, como en algunas de las culturas con orientación materialista. La unión familiar es prioridad sobre los negocios.

• Un clima privilegiado: Ecuador disfruta de temperaturas moderadas en un paisaje biodiverso extenso que lo hacen ideal para la aventura, desde las costas hasta las montañas, cada escenario es único y variado por región.  Uno puede pasar de una región tropical a un clima frio de montaña en tan solo un par de horas en vehículo, sin llegar a las temperaturas extremas ni las largas distancias típicas de muchos otros países. La variación de temperatura es marcada dentro de un rango estrecho de distancia, con quizás Quito, la capital, como única excepción.

• Amplia disponibilidad de medicina tanto alternativa como convencional: Los mercados de medicina alternativa holística están presentes en la realidad ecuatoriana, y son muy populares y respetados. Los productos médicos naturales típicos de la medicina holística pueden ser encontrados en farmacias locales, compartiendo estantes con los medicamentos alópatas convencionales. Las ventas de los mismos son aprobadas y legales, no prohibidas o desacreditadas como “carentes de certificación” por parte de ninguna organización de profesionales en medicina, lo cual fomenta la libertad de elegir la naturaleza del tipo de tratamiento que se desea seguir. Muchos medicamentos de primera necesidad son vendidos sin necesidad de pasar por una visita con el médico para conseguir la receta. Los farmaceutas son entrenados en la aplicación de medicinas naturales, así como las interacciones con otros productos naturales, con lo que pueden asistir a los pacientes en los puntos de venta, ahorrándoles tiempo y costos de transporte para las visitas medicas. Los hospitales públicos, a su vez, proveen de los medicamentos gratis una vez realizado el diagnostico sin costo alguno por parte de los profesionales de la salud públicos

• Disponibilidad de profesionales de la salud: los doctores en el Ecuador responden rutinariamente a llamadas residenciales, proveyendo sus números celulares personales para asegurar que puedan ser consultados en cualquier momento, y hasta negociando personalmente el precio de consulta conforme la situación financiera de sus pacientes. Tales prácticas incluso eran comunes en Norte América antes de que el sistema de salud sucumbiera a la presión de la industria médica y farmacéutica.

En el último año en Ecuador, la administración actual ha comenzado a proveer incentivos para que se incremente la reubicación de profesionales de la salud (locales, ecuatorianos residentes en el exterior y extranjeros) en zonas rurales y demás áreas con carencias históricas en la atención de las necesidades de salud comunitarias. Tales incentivos también ofrecen posibilidades reales de reinserción laboral privada, promoviendo la apertura local de oficinas a los médicos ecuatorianos residentes en el resto del mundo, muchos de los cuales incluso han recibido formación y una vasta experiencia en el exterior. La respuesta a estos planes ha sido muy popular, resultando en una mejora sustancial en la calidad de los profesionales de la salud ya presentes en el Ecuador. De manera adicional, el gobierno Ecuatoriano ha establecido convenios con otros países en materia de educación, incrementando la cantidad de becas concedidas a estudiantes de medicina (así como en otros campos) para que la juventud talentosa ecuatoriana pueda acceder educación en las mejores universidades del mundo.

• Hospitales públicos bien equipados y accesibles, con salas de emergencia universales y gratuitas: Las estadías diarias en hospitales Ecuatorianos privados de por sí constituye tan solo alrededor de 10% de los costos que implican los mismos servicios en Norte América.  La atención medica, en contraste, es personalizada y excepcional. Los hospitales son limpios y en los últimos años cada vez mas equipados con tecnología sofisticada. A nadie se le niega atención en la sala de emergencias, ni siquiera a quienes carecen de planes de salud o no tienen fondos para afrontar los costos de la emergencia. La asistencia médica tiene prioridad, la comercialización de la vida humana no existe aquí. Debido a muchas  de estas ventajas en el modelo de salud, Ecuador ha atraído extranjeros en números records en los últimos 5 años. Estos extranjeros buscan acceder al sistema de salud privado Ecuatoriano, beneficiándose de los precios razonables, y a la vez experimentando los beneficios físicos y psicológicos de la vida en el Ecuador. Aquellos quienes prefieren una alternativa a la medicina convencional, y optan por un enfoque holístico, se sorprenden al conocer la buena recepción que tal modelo tiene en el Ecuador.

Aun como extranjera, me enorgullece y alegra enormemente ver la cantidad de gente que está descubriendo Ecuador, su estilo de vida saludable, el abordaje preventivo, holístico, accesible, de calidad y personalizado que brinda el sistema en la atención de la salud; así como el énfasis en la importancia de alimentarse sano, de vivir al aire libre, en armonía con la naturaleza, la familia, las tradiciones y las comunidades, y de involucrarse en la aventura de explorar cada rincón de este bello país.

Siempre doy la bienvenida y respaldo a más gente a continuar su búsqueda de una vida mejor, tal como lo hice, en “el medio del mundo”; a descubrir como el retorno a un modo de vida sereno, en comunión con la vida y la salud física y psicológica es posible, en Ecuador.